martes, 12 de julio de 2011

Microrrelato: Alas de Cristal

Estaba mirando algunas historias que escribí hace unos años, encontré está y decidí subirla. Sé que le título no es muy llamativo, pero no se me ocurría otro xD


Aquella mañana desperté gritando. Había tenido un sueño en el que estaba frente a un abismo, de repente, salté a él. Caí y caí, entonces sentí una punzada que me recorrió toda la espalda, no pude ver más porque me desperté gritando.
- Aaah - grité.
- ¡Sophie! Sophie, tranquila solo a sido una pesadilla - escuché la voz de mi hermana Sam.
Lentamente abrí los ojos y vi delante a mi hermana con cara de preocupación.
- Lo siento, Sam. No quería despertarte.
- No necesitas darme excusas, los sueños son así - dijo para reconfortarme. - ¿Qué tal se te das un baño? Seguro que saldrás como nueva - me aconsejó.
Con cuidado, como si fuera a romperme, puse los pies en el suelo y fui al baño que había al lado de nuestra habitación. Cerré la puerta detrás mía y me miré en el espejo estaba horrible tenía unas grandísimas ojeras, como si no hubiese dormido durante semanas.
Me acerqué a la bañera y encendí el agua caliente, mientras se llenaba volví para examinarme en el espejo. A parte de las ojeras estaba más delgada de lo normal, mi piel era muy pálida y mis ojos, normalmente de un azul cielo, se habían convertido a un color azul como el hielo.
En cuanto la bañera se hubo llenado, me quité la ropa llena de sudor y me metí. Me sentí muy bien, Sam tenía razón. Metí la cabeza debajo del agua y la saqué. Estuve un rato ahí tumbada hasta que Sam llamó a la puerta y dijo:
- ¡Vamos, hermanita! Que yo también quiero darme una ducha entes de irnos.
Con nuevas fuerzas, salí de la bañera y me sequé con la toalla, tenía el pelo mojado, pero decidí que me lo secaría en la habitación. Cogí el secador y abrí la puerta, justo salí del baño apareció mi hermana y entró rápidamente. Yo me reí.
Empecé a secarme la cabeza, de repente sentí un dolor agudo en la espalda como en mi sueño, pero mucho más fuerte. Tiré el secador al suelo, ni siquiera miré lo que había pasado con él. Aguanté las ganas de gritar. Caí al suelo y me retorcí de dolor. Poco a poco el dolor se fue, sentí algo raro en la espalda, me levanté con miedo y me miré en el espejo. Lance una exclamación al ver lo que había allí. No podía ser real, detrás mía, a mi espalda había unas preciosas alas blancas. Giré la cabeza hacia atrás y vi que eran reales, con miedo todavía, las toqué. No eran como yo creía, como en las historias de ángeles. Tenían un tacto duro y suave, parecían como de cristal. Sí, eso era lo que tenía a mi espalda unas alas de cristal. Me quedé un rato así, mirándolas. Oí unos ruidos en el baño, mi hermana ya se había duchado y si abría la puerta y veía mis alas se llevaría un susto. pero no sabía cómo deshacerme de ellas. "Quiero que desaparezcan las alas" pensé. Volví a sentir el dolor agudo pero esta vez aguanté más que la última vez. Miré al espejo, ya no tenía las alas. Justo entonces mi hermana abrió la puerta y me vio.
- ¿Todavía estás así? - preguntó sorprendida. Entonces se dio cuenta que a mis pies estaba el secador, yo también lo miré y vi que estaba roto. - ¿Qué has hecho?
- Es que... - no se me ocurría que decir. - Es que me dio un calambre y sin querer lo tiré al suelo.
Me miró con una cara, pensando si creerme o no. Al final me creyó, porque dijo:
- Bueno, a cualquiera puede pasarle. Pero ¿ahora vas a estar con el pelo así? Fuera hace un poco de frío.
- Creo que hoy me quedaré en casa, no me siento muy bien.
- Pero si te encanta ir de compras, además luego iremos a ver una peli, si quieres puedes elegirla tú.
- No, no tengo ganas.
- Como tú quieras. Pero puedo decir que venga Carol a hacerte compañía...
- No hace falta ya te lo he dicho. Hoy no me siento muy bien y no quiero que amargarle el día a Carol.
- Si ya sabes cómo es ella, además ella no tiene ganas de ir.
- Venga, date prisa. Que seguro que te estarán ya esperando.
- Vale, vale. Ya me voy - se acercó a mí y me dio un beso en la mejilla.
- ¡Pásatelo bien! - dije cuando ya se iba.

Sam y yo vivíamos solas, nuestros padres habían muerto en un accidente de coche hace un años, yo iba con ellos pero a mí no me pasó nada, ni un rasguño. Sam estaba aquel día con unos amigos cuando supo la noticia lloró durante días. Las tías dijeron que ellas se ocuparían de nosotras, pero Sam ya tenía 18 años y yo 16, por lo que hasta ahora vivimos juntas. Pero hasta aquel día nunca me habían salido alas, aunque creo que por eso no me pasó nada en el accidente.

Poco después de que Sam se fuera, fui al balcón a que me diera un poco el aire y a pensar. Entonces vi una luz muy intensa de color blanco en el tejado. Sin pensármelo dos veces salí del balcón y subí por las escaleras al desván, de ahí abrí la ventana que había, por la que cuando era pequeña siempre salía con Sam por las noches para ver las estrellas. La ventana no era muy grande y como hacía tiempo que no pasaba por allí tardé un poco en subir al tejado, cuando lo logré, con cuidado de no pisar alguna teja que se ha salido de su lugar, llegué al lugar de donde salía la luz. Me debería haber sorprendido, pero en realidad me acerqué al ángel que había delante mía, era más o menos de mi edad y era el chico más guapo que había visto en mi vida, tenía unas bellísimas alas en la espalda, pero no eran como las mías parecían hechas de plumas de verdad, y le dije:
- Esto... Hola, bueno... ¿podrías decirme que es todo esto?
- ¿Que qué es esto? - preguntó sorprendido, su voz sonaba suave como el terciopelo. - No te entiendo.
- Digo que qué significan las alas y lo que me ha pasado esta mañana y no te hagas el tonto que seguro que sabes de lo que te hablo -hablé con brusquedad.
- Ah eso - dijo como si no fuese nada. - ¿No te has dado cuenta de que eres un ángel?
Suspiré.
- ¡Claro que me he dado cuenta! - grité. - Pero, ¿por qué soy un ángel? ¿Por qué esta mañana he tenido un sueño horrible? Y, ¿por qué mis alas parecen que son de cristal y no de plumas?
- Vale, vale. Te contaré todo. Pero no grites - dijo con voz tranquila y melodiosa.- Como te habrás dado cuenta eres un ángel. Tenías la esencia de ángel desde que naciste, pero el día del accidente tu esencia despertó y te convertiste en un ángel de verdad. Pero aunque tú no lo supieras, tú no querías serlo. Un año después, ahora, tenías que convertirte en un ángel porque sino morirías. El sueño que has tenido era para avisarte de lo que iba a pasar hoy, ya eres un ángel Sophie, eres inmortal.
Estuve un rato callada, él tampoco habló. Intenté asumirlo, pero era demasiado, aunque no había otra razón por lo que me pasaba, le creí. Pero había una cosa que no me habían contado todavía.
- Y, ¿por qué mis alas son de cristal?
- Porque eres el ángel Elegido. Tus alas no solo sirven para volar, puedes convertir en ángel a quien quieras, con un solo roce.
- Es un poco difícil que me entre en la cabeza lo que soy. Pero tengo una pregunta más ¿tengo alguna misión o algo así? Sé que parece una pregunta absurda.
- Bueno deberías ir con los demás ángeles, conocer mundo y ayudar a ángeles extraviados. Pero si no quieres dejar tu hogar puedes quedarte -añadió al verme mirar mi casa.
- No sé. ¿Puedes venir mañana? Entonces ya tendré la decisión y te diré lo que haré.
- Por supuesto. ¡Hasta mañana entonces! - dijo y se elevó con sus deslumbrantes alas. Me quedé mirándole hasta que se perdió en el horizonte. Bajé a mi habitación y me senté en la cama, esperando a Sam. Cuando la oí abrir la puerta decidí que lo iba a hacer. Esa vez no sentí ningún dolor a mi espalda y mis alas salieron, mucho más deslumbrantes. Esperé a que mi hermana apareciera por la puerta.
- Sophie, no sabes a quién acabo de ver, a... - abrió la puerta y se quedó ahí plantada.
Esperé un poco y empecé a contarle toda la historia que me dijo el ángel. Sam se sentó y siguió mirándome las alas. Al final dijo:
- Y ¿cuál a sido tu decisión? ¿Qué vas a hacer?
- Solo me iré si tú vas conmigo.
Silencio. Sam pensó durante un largo rato, pero al final se levantó y dijo:
- No dejo nada aquí, y si mi hermana es feliz y yo puedo acompañarla mi decisión es ir contigo. Quiero ser un ángel.
Con mucho cuidado posé las alas encima de mi hermana, ella brilló y se notaba que sentía el mismo dolor que yo la primera vez, pero aguantó, hasta que vi que salían unas preciosas alas de plumas blancas a su espalda. Levantó la cabeza, me miró y sonrió. Nos fundimos en un abrazo.

La noche pasó muy despacio, yo ni siquiera dormí, mi hermana tampoco, pero no hablamos. Al salir el sol, me levanté, Sam también, subimos al tejado y allí estaba el ángel esperándonos.
- He elegido y decido irme. Con mi hermana. No dejo nada aquí.
El ángel asintió e indicó que le siguiéramos, él despegó sus alas, nosotras miramos por última vez lo que había sido nuestro hogar desde años. Con lágrimas en los ojos saqué mis alas y empecé a volar con mi hermana detrás mía. Así, en silencio, volamos lejos, lejos de nuestra casa, lejos del lugar donde vivimos nuestra niñez, lejos...

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Un besito ^-^

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