sábado, 20 de marzo de 2021

Reseña | Una madre

Una madre (Alejandro Palomas)

Destino · Rústica con solapas · 280 páginas · 18,90€


Sinopsis: Faltan unas horas para la medianoche. Por fin, después de varias tentativas, Amalia ha logrado a sus 65 años ver cumplido su sueño: reunir a toda la familia para cenar en Nochevieja.

Una madre cuenta la historia de cómo Amalia entreteje con su humor y su entrega particular una red de hilos invisibles con la que une y protege a los suyos.

Sabe que va a ser una noche intensa, llena de secretos y mentiras, de mucha risa y de confesiones largo tiempo contenidas que por fin estallan para descubrir lo que queda por vivir. Sabe que es el momento de actuar y no está dispuesta a que nada la aparte de su cometido.

Una madre no es solo el retrato de una mujer valiente y entrañable, y de los miembros de su familia que dependen de ella y de su peculiar energía para afrontar sus vidas, sino también un atisbo de lo que la condición humana es capaz de demostrarse y mostrar cuando ahonda en su mejor versión.


Opinión personal:


Una Nochevieja. Una familia que, después de varios años, por fin pueden reunirse todos a la misma mesa. Tres hijos, una madre y un tío. Muchas historias que se desconocen a simple vista dentro de cada uno de ellos: algunas solo son novedades para el lector, otras las guardan incluso de los suyos y otras las conocen entre los demás, a base de retales, de detalles y de circunstancias. Y una madre que intenta que la familia pueda sentirse a salvo entre sus paredes, entre sus conversaciones que fluyen con cotidianidad y un narrador que navega entre los recuerdos del pasado y la realidad del presente.


Este libro ha sido… especial, creo que sería la mejor palabra para definirlo. Por la ternura de sus personajes y sus relaciones, sus vidas antes de esa noche, en general, ellos, todos ellos. Y la madre. Siempre de fondo o en primer plano. Con momentos fugaces donde sencillamente es ella, o momentos intensos donde se abraza al papel de madre para hacer que sus hijos no sientan tanto el dolor que la vida inflige. Pero también es ella, es muy ella: comentarios locuaces y sin filtro, pensamientos enredados, junto con una amiga que acaba cometiendo las mismas locuras, y una libertad nueva después del cambio que ha dado su vida. En las circunstancias de toda la familia, pero eso lo voy a dejar para que lo descubráis por vosotros mismos.


Es una novela muy intimista, llena de valor y de frases escondidas, de reflexiones que se buscan y también de las que saltan, de una historia que avanza ligera como una pluma porque en realidad es la vida misma, pero también de esas que a veces duelen y otras veces te producen carcajadas por la ridiculez de algunos de sus diálogos. De ir descubriendo a esta pequeña familia de locos, que en realidad ni es pequeña ni está loca, solo son un grupo muy variopinto de personas unidas por los lazos de sangre, que a veces se pican y otras se quieren, que a veces cometen errores y otras los intentan detener.


Al comenzar a leer este libro me he sentido un poco extrañada, su narración no es como en otros libros, ni siquiera es como en otros libros del autor, porque anteriormente había leído «Un hijo» y su historia me había cautivado por su inocencia, pero esta… esta también tiene inocencia, pero es distinta. Es extraña, por eso me costó un poco conectar con la historia en un inicio, es más, pensaba que ni siquiera sería mi tipo de libro, algunos personajes hablaban sin pelos en la lengua aunque a veces resbalasen en sus ideas, algunos personajes intentaban llamar la atención a toda costa aunque lo consiguieran a medias o con irritación por parte de los demás, algunos escondían mucho más detrás de las sonrisas y llegaba a frustrar su situación… Pero… pero jo. En realidad todo ello en su conjunto fue lo que, poco a poco, fue conquistándome un poco más cada vez. Porque es una familia, llena de imperfecciones y de costumbres, de risas escondidas y de versos enredados, de secretos que todos conocen y que el lector va desentrañando, de verdades a medias y de historias enterradas. Y, cuanto más te dejas embaucar por ellos, cuanto más te adentras en esta familia tan peculiar, más se hacen de querer, porque son especiales a su manera, son divertidos y llenos de ternura, porque a veces algún personaje mete la pata con algún comentario que escandaliza tanto al lector como al resto de personajes, pero ¿quién no tiene familiares que han sido criados con unas ideas y que, al intentar atrapar las corrientes de pensamiento actuales, han resbalado diciendo cosas un poco fuera de lugar? Pero no con malicia, sino con la inocencia del que quiere hacerlo bien y no se da cuenta de que ha vuelto a tropezar una vez más, y decide seguir indagando, aunque la vergüenza cubra los rostros de los demás.


No sé, no estoy segura de lo que he conseguido con esta reseña, porque no es una novela con trama, no es una novela de historias, ni siquiera de personajes como tal, sino de una familia, de aquellos que rodean a una madre y lo que ella hace por cada uno de los demás. El título no miente, este libro es tal cual una madre: con sus defectos y sus virtudes, con sus risas y sus momentos profundos. Ella. Frente a todo lo demás, con sus miedos y sus fortalezas. Y es esto mismo lo que hace tan especial este libro, no es para todos los gustos, es muy peculiar y un poco difícil de pillar al inicio, pero, si lo que habéis leído os convence, debería decir que este libro es una buena idea.

sábado, 6 de marzo de 2021

Reseña | El reflejo de Arabelle

El reflejo de Arabelle (Belén Adsuara Alonso)

Roomie Ediciones · Rústica con solapas · 415 páginas · 16,65€


Sinopsis: Isabelle y Enid eran muy pequeñas cuando su madre fue asesinada. La primera lo lleva como puede, camuflando el dolor con calcetines de dibujos animados y los abrazos de Goethe, los mejores del mundo.

Enid, por su parte, confía en que la fantasma Dahlia consiga contactar con Arabelle para al menos despedirse de ella, pero puede que no resulte tan sencillo como pareció en un primer momento.

Ambas cuentan con el apoyo de la otra y de sus amigos. Juntos forman un puzle de piezas incompatibles que, sin embargo, encajan; juntos crecen y construyen los peldaños necesarios para superar los días malos.


Opinión personal:


Siete años atrás, Isa y Enid se quedaron huérfanas de madre, sus vidas se derrumbaron en un sinfín de sueños rotos y de palabras no dichas para acabar en la familia de los Engels-Loewe. En la actualidad, cada una intenta superarlo a su propia manera: Isa sigue hacia delante, como en la vida de todos, hay días buenos y días no tan buenos, mientras que Enid se vuelca cada noche frente a su caldero para intentar invocarla y poder decirle todo aquello que se quedó en el tintero mientras seguía viva.


Siempre me cuesta mucho escribir reseñas negativas a autores nacionales, ya ni qué decir de esos autores que están comenzando a hacerse hueco en el mercado editorial y, aunque podría decir que esta reseña no es del todo negativa, tampoco es correcto decir que será positiva, se ha quedado como una lectura que me ha atrapado a ratos y, en otros, solo me ha resultado entretenida. No puedo aportar mi opinión de otra manera que no sea tratando con el máximo mimo a esta historia que tiene tanto cariño invertido en sus páginas y, a la vez, dejando ir a través de las palabras aquello que no me ha terminado de convencer.


Primero de todo, esta historia me cautivó con sus primeros capítulos en todo su esplendor, no había ni una coma ni una palabra ni sentimiento que me sobrara, todo en ellos me hechizó tanto que no podía más que desear seguir leyendo y empaparme de la historia. Se trata de una novela perteneciente al realismo mágico: brujas que intentan crear hechizos, un caldero que no deja de burbujear y crear colores brillantes, una fantasma que lleva pululando por el mundo un par de siglos… También esa atmósfera de melancolía y tristeza, de hacer daño aunque a la vez te mece entre sus palabras y te hace parte de la vida de sus protagonistas. Y ellas mismas, todas, incluso aquellas que no son realmente protagonistas pero conquistan el corazón del lector con su arrolladora personalidad. Y la relación entre todos ellos, tanto la relación entre hermanas, una más rota y la otra aparentado no estarlo tanto, la de hermanas que se encuentran por el camino pero que acaban unidas igual que si lo estuviesen por la sangre y la amistad, esa relación que se elige, que se basa en el apoyo y el cariño, esa que está ahí aunque un huracán intente separarlos. Y la pluma… oh, la pluma fue la guinda del pastel, como si todos los demás fueran los ingredientes de una receta preparada durante siglos, pero la prosa de Belén consiguiera darle el toque de gracia, unos polvos mágicos que lo unen todo y cambian el sabor para intensificarlo. Pero… luego seguí leyendo.


En cierta manera puedo decir que la primera mitad, aunque no acaparó mi atención al mismo nivel que las primeras páginas, sí que dio un buen inicio a la novela. Intensidad, sentimientos a flor de piel, una prosa que seguía meciendo al lector entre sus reflexiones y unos personajes que cobraban, poquito a poco, cada vez más importancia, mostrando esa cara que nadie ve: el cansancio detrás de la dulzura, el dolor que se esconde tras las sonrisas, la extenuación de no conseguir nada noche tras noche aunque al caer el sol se siga intentando una y otra vez más… Cada una de esas características conformaban a un personaje único y lleno de ternura, aunque algunos se mostrasen como erizos, pero sabías que su interior era mucho más rico y profundo. Además de los misterios cuyas capas se iban desmenuzando, atrapando al lector en la vida de dos niñas un par de siglos atrás, dos niñas que intentaban jugar con brujas, a salvar vidas y a salvarse a sí mismas; conociendo su presente, la curiosidad por conocer más de esos retazos era cada vez más acuciante, desenvolver los misterios de lo que las llevó a ser una no-muerta y una que da vueltas entre los vivos y el Más Allá. Como también aquello que las anclaba al presente y las enlazaba con las protagonistas reales de la historia.


Fue la segunda mitad la que me perdió y me deshizo en una sensación entre el vacío y el sabor a poco. Los puntos de vista de casi todos los personajes que aparecen en la historia se van intercalando unos a otros, como también sus propios problemas. Algunas veces esos capítulos han aportado profundidad, mientras que, en otros, se la han quitado, de manera que he visto los problemas y sus vidas como una amalgama de detalles que intentaban llamar mi atención a toda costa, pero sin poder centrarla del todo en ninguno de ellos. Lo más triste es que realmente son situaciones muy relevantes y a las que ha sido muy bonito ver cómo la autora quería dar voz, pero al final he sentido que ninguno de ellos ha cobrado la importancia que merecía, incluso la propia trama principal perdía interés, quedando colapsada muy atrás por problemas de otros personajes que, poco después, también se veían empujados por otros nuevos, zarandeados de nuevo por los primeros y adentrándose en un ciclo que daba vueltas durante toda la historia.


También la magia de la prosa fue perdiendo un poco de fuelle; sí, he seguido subrayando preciosas frases y párrafos llenos de florituras, de sentimiento y de realidades, pero más que introspección y una manera de llegar a conocer el interior de sus personajes, la mayoría de veces me ha parecido que solo rascaban su superficie con reflexiones y no de esa introspección que apuntaban las primeras páginas. Te hace pensar y reflexionar, pero algunas veces eran reflexiones que luego no tenían mucha relevancia para la escena concreta o pensamientos que no aportaban algún nuevo punto de vista para la trama inicial o que me hicieran conocer más al personaje que las comentaba. Puedo llegar a entender que lo que se pretendía era crear una especie de cotidianidad, de conocer a sus protagonistas en su día a día, en lo que piensan cuando escuchan el trino de unos pájaros o se zambullen en el interior de sus pensamientos estando rodeados de otras personas cercanas, pero aunque aportaban frases bonitas, no me hacían conocer mejor a sus personajes, solo sus capas más externas.


Algo que me mantuvo muy enganchada fueron los poquitos capítulos que aparecían muy de vez en cuando en relación a los dos personajes que pululan en la vida de las protagonistas como muertas y no-muertas, tenía muchas ganas de conocer su historia y, al ir proporcionando pequeñas pistas e información muy a cuentagotas, mi curiosidad crecía muy exponencialmente con el deseo de encontrarme de nuevo un capítulo suyo y desentrañar sus misterios. Me ha gustado su historia, ha sido dolorosa a la par que bonita, esas pequeñas pinceladas que curan las heridas que se van abriendo en la historia, pero… de nuevo el «pero», no he comprendido el desenlace de su historia, los cabos dan muchas vueltas para al final no resolverse, su conexión con las protagonistas más allá de la casualidad, la resolución que acaba con sencillez y pocas explicaciones… Me ha faltado un poquito más de desarrollo, de alguna conversación más detallada y no de dudas al aire que ningún personaje se hacía salvo yo como lectora. Y siento mucha pena porque realmente el desenlace ha sido formado por capítulos llenos de unión y emotividad, de un corazón supurante que comienza a cicatrizar y unas últimas páginas que consiguen mecerlo y dejarlo sumido en un sueño sin pesadillas.


En conclusión, me duele mucho decir que no he disfrutado de esta historia, porque su inicio fue realmente prometedor y tenía muchas papeletas para convertirse en una de mis mejores lecturas: a pesar de la dulzura que hay en sus personajes, a veces he sentido que no terminaba de conocerles; a pesar de la importancia de los temas tratados, no he sentido que se les diera la suficiente atención… Creo que no ha sido una lectura para mí.